Tu periódico ya tiene lo que una radio paga por conseguir
Reporteros, un ciclo de noticias todos los días, anunciantes de años y
un nombre en el que la gente del pueblo confía. Lo que no tienes es un canal que corra
las 24 horas ni un espacio de publicidad que puedas vender más de una vez.
Es una palabra fea para una idea simple. Un CMS —gestor de contenido—
es el tablero donde tu propia gente escribe, sube la foto y publica,
y el sitio se actualiza solo.
Si tu diario ya tiene sitio, lo más probable es que publicar dependa de alguien:
un muchacho que sabe de computadoras, una agencia a la que hay que escribirle, un
programa que sólo sabe usar una persona. Y cuando esa persona no está, el sitio no
se mueve.
Un gestor de contenido saca a esa persona del camino. Quien escribe la
nota es quien la publica, desde una computadora o desde el teléfono, y no
tiene que saber nada de programación: escribe, pone la foto, aprieta publicar.
El nuestro rehace el sitio entero en el acto, no cuando alguien
se acuerde de subir los cambios. Y si la reconstrucción fallara, se deshace sola y
el sitio queda como estaba: está escrito así a propósito, porque dejar un sitio
público sin poder regenerarse sería el peor fallo que puede tener una herramienta
como ésta.
Escribe tu gente, no nosotros
Tú decides quién tiene usuario. Nosotros no tocamos tu contenido.
Cada nota lleva su firma
El autor lo pone el servidor, tomándolo de la sesión de quien está escribiendo. El navegador no participa.
Publicado es publicado
No hay un botón de «subir cambios» que alguien olvida el viernes.
Lo que ya está hecho
La mitad difícil ya existe, y la usa una radio todos los días
No es una maqueta. La Pachanguera 95.1, de Managua, edita su propio
sitio desde este panel: entra, escribe, publica, y el sitio sale. Lo que sigue es lo
que ya está construido y a un periódico le sirve tal cual.
Cada nota es un artículo con su propia dirección
Título, entrada, cuerpo de hasta 12.000 caracteres, imagen con
su texto alternativo, autor y fecha. La dirección de la nota es un dato que tú
eliges, no algo que el sistema inventa: así no se le mueve el enlace a una nota
vieja cuando borras otra.
Se escribe con cuatro marcas, no con un procesador de texto
Subtítulo, cita, negrita y enlace. Pensado para alguien que está escribiendo
desde el teléfono en la calle. Lo que no está en esa lista sale como texto:
nadie puede meter código en tu sitio pegando algo raro.
Y queda quién hizo qué
Una bitácora que no se puede borrar: quién entró, qué guardó y a qué hora.
Sirve el día que hay que entender algo, que en una redacción es más seguido de lo
que uno quisiera.
La firma de una nota no se puede falsificar desde el
navegador. El panel manda la sección entera cada vez que se guarda, así que
si el autor se leyera del pedido, cualquiera con sesión podría firmar con el nombre
de otro cambiando una palabra antes de enviar. No se lee del pedido: lo pone el
servidor, con el nombre de quien tiene la sesión abierta. Y una nota que ya estaba
publicada conserva su autor y su hora aunque otra persona guarde
después.
La mesa de redacción, aplicada a lo que llega de la calle
Lo que manda el público —un mensaje, una foto, una nota de
voz— no entra al aire ni al sitio porque sí. Pasa por ocho estados
—nuevo, revisando, aprobado, guardado para después, listo para el aire, usado,
archivado, rechazado— con quién lo movió y a qué hora en cada paso, y una nota de voz
no llega al aire sin que una persona la apruebe. Un periódico entiende
esto al instante: es el filtro de siempre, escrito en el programa.
El panel, pantalla por pantalla
Esta tabla no está escrita a mano acá: sale del mismo
registro que la página de funciones, para que no puedan
decir cosas distintas.
Pantalla
Qué hace
PortadaFuncionando
Cabecera, diapositivas, tarjetas destacadas, bloques y bandas: lo primero que ve tu audiencia lo decides tú.
ProgramaciónFuncionando
La parrilla de la semana con horarios, locutores y días. Alimenta el sitio, la barra de «al aire» y las estadísticas por programa.
LocutoresFuncionando
Alta, foto, biografía y horarios de cada voz de la radio.
Boletín, chismes y eventosFuncionando
Las tres secciones de contenido, con galería de imágenes propia.
Galería de imágenesFuncionando
Subes una vez y la usas donde quieras. Una imagen en uso no se puede borrar por error.
Datos de la estaciónFuncionando
Teléfonos, correos, dirección, redes y horario de llamadas. Cambias uno y aparece en todo el sitio.
Republicar el sitioFuncionando
Un botón que rehace el sitio entero, por si hiciera falta. Normalmente no hace falta: se rehace solo al guardar.
VideosA medias
La sección existe y la pantalla del panel carga. Falta: estrenarla: nadie guardó todavía un video desde el panel, así que no la damos por probada.
La otra mitad
Y encima, una emisora. Sin transmisor y sin antena.
Un diario ya tiene lo más caro de una radio: contenido todos los días y
gente que sabe contarlo. Lo que le falta es el canal — y ese canal hoy se abre en una
pestaña del navegador.
La cabina se abre en el navegador, con el usuario de cada quien. No se instala nada.
Quien lee el boletín puede estar en la redacción, en su casa o en otra ciudad.
La condición: una computadora de tu oficina encendida con Play abierto, que es la
que arma la mezcla. En datos móviles con red del operador puede no conectar, y la
pantalla lo dice en vez de disimular.
Tu música, tus cuñas y tus cortinas se quedan en esa computadora, no en la nube.
El mismo reportero que escribió la nota puede leerla al aire dos horas después.
Y el mismo anunciante ocupa más de un lugar. Seis
espacios en el sitio con conteo de vistas y de clics, una cuña en la tanda de la
cabina, y una publicación pagada en las redes de tu medio. Eso está construido y
probado — pero va punteado porque todavía ninguna radio cargó una campaña de
verdad, y hasta que eso pase no lo vamos a llamar terminado.
Sin adornos
Lo que NO tenemos, dicho antes y no después
Esto se construyó para radios. Si lo que buscas es un gestor pensado
para una redacción, hoy no lo tenemos, y preferimos que lo sepas ahora.
Las secciones son nueve y están fijas: portada, programación,
locutores, eventos, chismes, boletín informativo, tráfico, videos y los datos de
contacto. Un diario necesita otras —nacionales, deportes, sucesos— y hoy no se
pueden crear desde el panel.
No hay borradores ni aprobación editorial para tus propias notas.
Lo que se guarda, se publica. El flujo con estados y firma que describimos arriba es
para el material que manda el público, no para lo que escribe tu gente.
Sólo hay dos niveles de usuario, staff y dueño. No existe un rol
de «redactor» que vea nada más el boletín: hoy alguien de staff alcanza también las
pantallas de publicidad y de cobros.
No hay publicación programada, ni coautoría, ni etiquetas, ni
archivo por fecha.
No hay muro de pago, ni suscripciones de lectores, ni boletín por correo,
ni comentarios.
Nuestro motor de audio no lo ha probado todavía ninguna radio.
Existe, y el 20 de septiembre de 2026 puso una emisora al aire por primera vez —la de
demostración—, a 256 kbps medidos a la salida. El defecto que echaba a los oyentes en
cada cambio de canción está arreglado y medido desde el 21 de septiembre. Pero lo
medimos con tonos, en laboratorio y en corridas de 70 segundos, y ninguna emisora real
transmitió nunca por él. Hasta que eso esté probado no se lo instalamos a
nadie. Para salir al aire hoy hace falta un proveedor de streaming, que puede
ser el que ya tengas.
Nada de esto es un descuido: es que
el producto se hizo para emisoras. Lo que no vamos a hacer es inventar la
versión para periódicos desde una oficina, adivinando cómo trabaja una redacción. Por
eso esto es un piloto y no un lanzamiento. El estado de
cada pieza, una por una.
El piloto
Qué es, qué te damos y qué te pedimos
Buscamos pocos medios, no muchos. La idea no es que pruebes un producto
terminado: es que lo que falta lo decidamos con una redacción de verdad adentro.
Lo que te damos
Tu sitio, diseñado a tu marca, sin costo mientras dure la beta.
El panel para publicar, con tu gente dada de alta y sus permisos.
La cabina en el navegador, para cuando quieras empezar a sonar.
Que te atendamos nosotros, en español, sin pasar por un formulario de soporte.
Lo que te pedimos
Que lo uses de verdad unas semanas, no una tarde.
Que nos digas qué te falta, con la franqueza con la que se lo dirías a un
proveedor que te cobra.
Lo que no te pedimos
Dinero, ni tarjeta.
Que apagues tu sitio actual. El nuestro puede correr al lado mientras
decides.
Hablemos
Escríbenos y lo vemos con tu medio
Una llamada de veinte minutos alcanza para saber si esto te sirve. Si no
te sirve, te lo decimos de frente y no perdiste más que la llamada.